Cronología de implantación en campo: qué ocurre desde la firma del acuerdo hasta la primera revisión de raíces.
Antes de tocar el suelo pedimos analítica de pH, conductividad, materia orgánica y fósforo asimilable. Sin ese punto de partida no hay forma de saber si la inoculación va a servir o va a quedar bloqueada por exceso de nutrientes disponibles.
Con los datos en la mano definimos dosis, momento de aplicación y compatibilidad con el plan de fertirriego que ya tengas en marcha. Si el agricultor trabaja con hongos o bacterias de otro proveedor, lo revisamos antes de mezclar.
La inoculación se hace en el trasplante o en el momento de mayor actividad radicular, según cultivo. En fresa y frambuesa preferimos aplicación localizada en el bulbo húmedo; en arándano, riego dirigido a la zona de absorción.
Tomamos muestras de raíz fina y observamos al microscopio el porcentaje de micorrización y la presencia de bacterias adherentes. Es el momento de corregir riego o ajustar el aporte de fósforo si la simbiosis no arranca.
Entregamos un documento con los indicadores medidos, las desviaciones respecto al diagnóstico inicial y las recomendaciones para la siguiente fase. Si algo no ha funcionado, lo decimos con el dato delante.
Cerramos con una comparativa entre parcelas tratadas y testigos, si los hay, y proponemos el protocolo para la campaña siguiente. Los resultados suelen notarse antes en la estructura del suelo que en el calibre del fruto.