1. Consulta y recogida de datos
Nos cuentas variedad, superficie, tipo de riego y campañas anteriores. Pedimos analítica reciente de suelo y agua si la tienes; si no, programamos la toma de muestras en tu parcela. Sin este punto de partida cualquier recomendación es un tiro al aire.
2. Diagnóstico microbiológico
Medimos materia orgánica, pH, conductividad y recuento de hongos micorrícicos y bacterias promotoras. Comparamos los valores con referencias de fresa, frambuesa y arándano en la zona. El informe señala qué está limitando la colonización y qué no merece la pena corregir.
3. Propuesta de manejo
Definimos producto, dosis orientativa, momento de aplicación y forma de incorporación al suelo o al riego. Incluye las precauciones que suelen fallar en campo: exceso de fósforo disponible, riego inmediato tras inocular o pH fuera de rango.
4. Aplicación acompañada
Si lo necesitas, estamos presentes en la primera aplicación para ajustar el equipo de fertirriego, comprobar la mezcla y resolver dudas del personal de campo. La mayoría de errores se cometen en esa primera jornada.
5. Seguimiento de campaña
Visitas periódicas para observar desarrollo radicular, brotación y evolución del calibre. Anotamos lo que funciona y lo que no, y ajustamos dosis o calendario según la respuesta real del cultivo y no según el plan inicial.
6. Cierre y análisis de resultados
Al final del ciclo contrastamos los indicadores medidos con los del punto de partida. Entregamos un resumen con lo aplicado, lo observado y las recomendaciones para la siguiente campaña. Ese documento es el que evita repetir decisiones a ciegas.