Cómo la colonización temprana de Glomus intraradices afecta al cuajado y al calibre en parcelas de Moguer y Lepe.
Hay una pregunta que se repite cada temporada en las fincas de la costa onubense: ¿cuándo hay que inocular para que la micorriza llegue a tiempo? En los ensayos que seguimos entre Moguer y Lepe durante las dos últimas campañas, la diferencia entre aplicar diez días antes del trasplante y hacerlo veintiuno no fue cosmética. Las plantas que entraron en suelo con el hongo ya establecido mostraron un sistema radicular más ramificado a las tres semanas, y ese detalle se tradujo después en algo que se ve en la báscula: calibre más uniforme en los primeros cortes.
Conviene entender qué ocurre bajo tierra. Glomus intraradices necesita contacto físico con la raíz joven para iniciar la simbiosis. Si el trasplante llega antes de que el inóculo haya colonizado el cepellón, la planta gasta energía en defenderse del estrés del cambio y la ventana de establecimiento se estrecha. En las parcelas donde medimos temperatura de suelo por debajo de 12 °C en el momento de la aplicación, la colonización se retrasó entre ocho y doce días respecto a las parcelas con suelo a 15-16 °C. No es un dato menor cuando el calendario de plantación está cerrado por el vivero.
La absorción de fósforo fue el segundo indicador que seguimos. En las plantas micorrizadas con la ventana correcta, el análisis foliar a las seis semanas mostró valores más estables que en el testigo, incluso con la misma fertilización de fondo. Esto importa porque el fósforo disponible en exceso es, paradójicamente, uno de los principales frenos a la simbiosis: cuando el suelo ya ofrece fósforo soluble de sobra, la planta no "necesita" al hongo y reduce la colonización. Varias parcelas de la zona arrastran ese problema por años de aportes generosos.
Los errores que vimos repetirse fueron tres. El primero, dosis excesivas de inóculo pensando que más es mejor: no lo es, y encarece la operación sin mejorar el resultado. El segundo, regar de forma abundante justo después de aplicar el producto, lo que arrastra las esporas fuera de la zona radical. El tercero, inocular sobre suelos con fósforo disponible por encima de 40 ppm sin corregir antes el plan de fertilización. En esos casos, la micorriza trabaja a medio gas y el agricultor concluye, con razón aparente, que "no funciona".
La evolución del calibre en las primeras seis semanas fue el dato que más interesó a los técnicos de campo. En las parcelas con colonización temprana, la proporción de fruta en categoría comercial subió de forma sostenida a partir del segundo corte. No hablamos de milagros: hablamos de una planta que entra en floración con menos estrés hídrico y nutricional, y eso se nota. La recomendación práctica que sacamos de estas campañas es sencilla: ajustar la fecha de inoculación al trasplante, no al revés, y revisar el historial de fósforo del suelo antes de decidir la dosis.